Entrada destacada

ACTITUD X. NUMERO 1, FEBRERO 2025

23 marzo 2025

 EL ORIGEN DE X:

LOS DADOS: DEL DESTINO A LOS JUEGOS

    Pequeños, aparentemente inofensivos y con el poder de decidir el destino con un simple giro: los dados han sido compañeros de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Su historia es mucho más que la de un juego de mesa, pues nacieron como herramientas de adivinación, juicios de dioses caprichosos y hasta decisiones de vida o muerte

    Imagina por un momento a un guerrero en la antigua Sumeria, hace más de 5000 años. Está arrodillado ante un sacerdote que sostiene en la mano un hueso de animal, marcado con extrañas señales. Lo lanza al suelo y observa como cae. En ese momento el guerrero aguanta la respiración: su futuro en la batalla depende de la forma en que haya caído ese pequeño fragmento de hueso.

    Así nacieron los dados. No como un juego, sino como una forma de comunicarse con los dioses.

    En Egipto, en Grecia, en Roma...todos creían lo mismo: que la suerte no existía, que era la voluntad de las deidades la que hablaba a través de esos pequeños objetos

    Con el tiempo los fueron perfeccionando: los egipcios tallaban dados en marfil y madera, mientras que los griegos y los romanos se volvían locos apostando con ellos. Aunque los prohibían las leyes, esto no conseguía otra cosa que hacerlos más populares

    Se cuenta que Julio Cesar los tenía todo el día en la mente, pero claro...el no apostaba unas monedas...el apostaba el destino de todo un imperio

    Pero no todos veían con buenos ojos esto de los juegos del azar. En la Edad Media, la iglesia los veía como un arma del diablo, y aún así, los soldados los llevaban en sus mochilas y los lanzaban a escondidas entre batalla y batalla, como si pudieran confiar su futuro en esos pequeños cubos.

   En España su historia está llena de curiosidades, supersticiones y por supuesto...trampas: en la Edad Media los dados se convirtieron en una pasión entre soldados y campesinos, pero también en un problema para la moral cristiana, y como siempre ocurre por estos censuradores lares, trataron de prohibirlos.

    Pedro I de Castilla (el cruel para algunos y el justiciero para otros), decretó una prohibición tajante: nada de dados, ni en plazas ni en tabernas, y quién lo desafiara, podría verse sorprendido con una multa, o si reincidía, con una buena somanta de palos

    Como no podía ser de otra manera, la picaresca española empezó a brillar, comenzando a trucar los dados con plomo, y llegaron a convertirse así en una herramienta básica para los estafadores. Y así recorrían ferias y ventas, desafiando a los incautos con sus dados trucados. Algunos llevaban hasta tres y los iban intercambiando con una destreza que ni el mejor prestidigitador. Si los pillaban solo tenían que salir corriendo...o acabar con la cara llena de moratones.

    Pero también hemos sido supersticiosos como el resto de los  mortales: en los pueblos, se creía que cuando tenías que tomar una decisión importante, lanzabas un dado y si te salía un número impar...tendrías buena fortuna. Si rodaba por el suelo....era señal de mal augurio

    En los pueblos andaluces, los pastores lanzaban el dado en Año Nuevo para predecir como les iría el año. Si les salía un seis, habría buena hierba y ovejas sanas. Un uno les preparaba para tiempos difíciles.

    En Madrid y Sevilla, en las tertulias taurinas predecían la suerte del torero con los dados; dos seises auguraban una tarde gloriosa. Con un uno, o un dos...ni apostaban por él

    Hoy en día los dados ya no deciden el destino de imperios, ni el de guerreros...ni el de los supersticiosos, pero siguen en nuestras manos decidiendo por ejemplo en una partida de rol, estrategias en el casino y en experimentos científicos sobre el caos y la probabilidad

    Así que la próxima vez que lances un dado, piénsalo bien. Puede que solo estés jugando ... o puede que en realidad, el destino esté lanzando los dados por ti.

y tu...? has tenido alguna vez un seis de la suerte...o un uno maldito?...

déjalo en los comentarios